SOY FEMINISTA

y obviamente me encanta vestirme con
mi pañuelo violeta y marchar exigiendo
mis derechos y los de otras como yo.

SOY FEMINISTA

y obviamente la sociedad cree que estoy
en contra de los hombres, pero yo solo
quiero ser autónoma, caminar libre y
segura por las calles de cualquier ciudad y
en cualquier momento.
Soy Nayibe Fuentes González, una mujer joven feminista y Trabajadora Social. Desde que me hice profesional he trabajado por los Derechos de las mujeres en la Fundación Mujer y Futuro y Ladysmith. Es verdad que una se hace feminista por su propia historia, sin embargo, son las historias de nuestras madres, abuelas, compañeras y amigas las que nos hacen persistir en esta lucha y cuestionar la realidad que nos atraviesa. Por ello, mi mayor motivación es que las niñas, las adolescentes y las jóvenes puedan juntarse, reconocer su poder y su diversidad, encontrar su lugar en la movilización y continuar, con las herramientas del presente, esta resistencia colectiva que mira hacia el futuro.

TOC, TOC ¿QUIÉN ES?

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El feminismo es una teoría política y un movimiento social que busca la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Es un movimiento social porque lo forman muchas mujeres y personas organizadas para cambiar la sociedad. Es una teoría política porque hace una propuesta de cómo debe ser una sociedad más justa y respetuosa. En todos los momentos históricos y en todos los lugares del mundo, hay mujeres que se organizan para enfrentarse a un poder que las segrega (Varela, 2019). los lugares de mundo, hay mujeres que se organizan para enfrentarse a un poder que las segrega (Varela, 2019).
Si bien mujeres y hombres tienen los mismos derechos desde que nacen y durante toda la vida, ambos viven situaciones y condiciones diferentes. Las mujeres han vivenciado hechos de subordinación y exclusión con relación a los hombres, lo que ha generado que no puedan ejercer sus derechos en igualdad de condiciones.
La autonomía no es una creencia, sino un estado de la persona, grupo, institución o movimiento, es un estado alcanzable, es un proceso que no está resuelto del todo a lo largo de la vida. La autonomía es un proceso personal interno y siempre un proceso social y externo, es un proceso subjetivo y de impacto social; todas estas dimensiones deben considerarse para que pueda desarrollarse (Lagarde, 2012).
Inicia con el reconocimiento de la igualdad; es decir, a partir de la toma de conciencia y evidencia de la desigualdad como vulneración de derechos, y de la igualdad como un derecho. No se busca que las mujeres sean y actúen como los hombres, sino desmontar progresivamente la universalidad del “modelo masculino”, la dominación del patriarcado que genera y perpetúa ideas, actitudes y conductas machistas (FMF, 2019).
Es una categoría de análisis que permite identificar la intersección de distintos aspectos de la vida de las mujeres (Género, sexualidad, pertenencia étnica, nacionalidad, condición socioeconómica) que generan desigualdades y vulneración a sus derechos (FMF, 2022).
Es la primera fórmula de protección personal, del grupo, de la institución, de la comunidad, para lo cual debe mantenerse clara la posición política que propenda por el bienestar de las mujeres en su cotidianidad y con ello alivianar las cargas que el patriarcado les ha asignado, en especial aquellas ligadas al cuidado del otro y la otra, y al deber ser abnegadas y disponibles para las necesidades exteriores. El autocuidado implica construir medidas personales para la movilización, para la protección de los territorios, de los derechos de las mujeres, y de las acciones que en colectivo se desarrollan (Ruta pacífica, 2019).
El patriarcado es un sistema de dominio institucionalizado que mantiene la subordinación e invisibilización de las mujeres y todo aquello considerado como ‘femenino’, con respecto a los varones y lo ‘masculino’, creando así una situación de desigualdad estructural basada en la pertenencia a determinado sexo biológico (CEAR).
La participación de las mujeres es relevante para la exigibilidad de sus derechos. ¿Qué es eso? Es la capacidad de las personas o grupos para obtener del Estado u otros actores el goce efectivo de sus derechos, existe y se aprende en la medida en que estos se ejercen (Fundación Mujer y Futuro, 2020).

De esta manera, la participación es un ejercicio continuo donde se involucran los conocimientos que poseemos y las habilidades para poder enunciar las propuestas frente a una problemática determinada.

No obstante, el que las mujeres participemos en los espacios de toma de decisiones ha sido difícil debido a que estos escenarios han sido tradicionalmente de los hombres y cuando las mujeres han decidido participar, muchas se han enfrentado a discriminaciones puesto que se considera que lo público no es para las mujeres.